Una investigación de la Universidad Politécnica de Madrid evalúa el ciclo de vida integral del sistema de bicicletas eléctricas de uso público y cuantifica su beneficio ecológico real.
La vinculación entre BiciMAD y el CO2 evidencia que la movilidad pública ciclista constituye un elemento clave para mitigar la polución en las áreas metropolitanas. Un informe publicado recientemente por el Centro de Investigación del Transporte de la Universidad Politécnica de Madrid señala que esta red de préstamo de bicicletas eléctricas de la capital consigue impedir la liberación de aproximadamente 1.400 toneladas anuales de CO2 equivalente a la atmósfera. Esta estimación no se restringe únicamente a contabilizar los desplazamientos en coche privado que se sustituyen; por el contrario, la investigación examina de manera exhaustiva el ciclo de vida completo que requiere este servicio de transporte.
El procedimiento metodológico empleado resulta fundamental para comprender la aportación real de la interacción entre BiciMAD y el CO2 en el entorno urbano: los autores del estudio han recurrido a técnicas de medición del impacto neto para examinar el proceso de manera global. De este modo, la evaluación contempla desde la producción de los vehículos y sus correspondientes baterías de litio hasta la edificación de los puntos de anclaje; asimismo, se computa el gasto de electricidad para el suministro, las labores de reparación, la distribución diaria de las unidades por los diferentes barrios y la gestión de los residuos generados tras su desmantelamiento definitivo.
La evolución de BiciMAD y el CO2 como indicador de sostenibilidad urbana
El beneficio ecológico de esta red de transportes ha progresado de forma simultánea a su crecimiento geográfico y al incremento de sus abonados. Para valorar esta transformación, resulta conveniente contrastar las cifras actuales con las métricas obtenidas en etapas precedentes: una investigación previa de la citada institución académica, difundida el 15 de septiembre de 2025, determinó que durante el ejercicio de 2023 se eludió la expulsión de 1.095,7 toneladas de CO2 y 2,3 toneladas de óxidos de nitrógeno en la urbe. En ese periodo de estudio, la prestación daba cobertura a unos 157.000 ciudadanos registrados, con un total de 630 puntos de estacionamiento y un parque móvil de 7.735 unidades.
El desarrollo histórico de BiciMAD y el CO2 evitado refleja un comportamiento netamente positivo como consecuencia del aumento de la demanda ciudadana. Los indicadores de rendimiento y la configuración técnica del servicio registrados el 17 de julio de 2026 detallan las siguientes cifras de funcionamiento:
- La plataforma registra un volumen de 261.666 usuarios registrados.
- El equipamiento urbano cuenta con 683 estaciones en funcionamiento.
- El parque móvil en circulación dispone de 8.385 bicicletas de asistencia eléctrica.
- Se contabilizan 783.501 usos mensuales dentro de la malla metropolitana.
- El cómputo global de desplazamientos acumulados se eleva a 8.521.647 usos en 2026.
- El recorrido promedio efectuado en cada desplazamiento alcanza los 2.736 metros.
- La duración media estimada para cada trayecto es de 16,37 minutos.
La expansión metropolitana de las bicicletas eléctricas compartidas
Esta progresiva disminución de gases contaminantes se ve favorecida por la ampliación geográfica de la red de arrendamiento público. Con fecha de 14 de julio de 2026, la administración local madrileña junto con la Empresa Municipal de Transportes implantaron por primera vez esta alternativa de transporte fuera del término municipal de la capital: el despliegue en el municipio de Pozuelo de Alarcón se concretó mediante la instalación de 30 estaciones y 370 bicicletas nuevas.
Dicha prolongación interurbana complementa las estrategias de crecimiento que el operador público desarrolla para dar servicio a otros puntos de la comunidad. Las conclusiones sobre la vinculación de BiciMAD y el CO2 indican que un incremento en la densidad de la red y una mayor accesibilidad para el ciudadano incentivan una transición efectiva desde los vehículos particulares de motor térmico hacia alternativas de movilidad activa y limpia. Ante este escenario: ¿conseguirán otros municipios del país adaptar este sistema de evaluación para cuantificar el impacto de sus correspondientes políticas de transporte sostenible?








