Los paneles informativos de algunas paradas reflejan el calor acumulado en la propia estructura, especialmente en días de sol intenso. La diferencia se debe al metal, el cristal, las pantallas digitales y la ubicación del sensor.
Las marquesinas de autobús de Madrid pueden mostrar temperaturas muy superiores a las reales durante los días de más calor. En algunas paradas se han visto cifras de hasta 51 grados cuando la temperatura ambiental rondaba los 38, una diferencia que no significa que el aire de la calle haya alcanzado realmente ese valor.
El motivo está en cómo se mide ese dato. Los sensores situados en estos elementos urbanos reciben la influencia directa del entorno inmediato: metal recalentado, cristales expuestos al sol, pantallas encendidas y componentes eléctricos que desprenden calor. Todo ello puede alterar la lectura que aparece en el panel.
Por qué los termómetros de las marquesinas pueden dispararse con el calor
La explicación está en los materiales de la propia parada. En jornadas de radiación intensa, el metal y el cristal absorben energía durante horas. Esa acumulación de calor se transmite al entorno más cercano del sensor y provoca que el termómetro no mida solo la temperatura del aire, sino también el recalentamiento de la instalación.
A este efecto se suman las pantallas publicitarias, los paneles luminosos y otros dispositivos eléctricos que funcionan durante buena parte del día. Al estar colocados muy cerca del punto de medición, pueden elevar todavía más el dato que finalmente aparece ante los usuarios.
Por eso, una marquesina puede marcar más de 50 grados sin que esa sea la temperatura oficial de Madrid. La cifra resulta llamativa, pero responde a un microambiente urbano muy concreto: una estructura expuesta al sol, con materiales calientes y aparatos electrónicos encendidos.
Qué dice AEMET sobre cómo debe medirse la temperatura del aire
La Agencia Estatal de Meteorología explica que la temperatura del aire debe medirse con el sensor protegido de la radiación solar directa. La Organización Meteorológica Mundial recomienda que estas mediciones se realicen en abrigos meteorológicos situados entre 1,25 y 2 metros sobre el terreno, con protección frente al sol y la precipitación.
AEMET también advierte de que no hay que fiarse de cualquier termómetro urbano, ya que muchos están expuestos a la radiación solar directa o instalados en condiciones que no garantizan una medición comparable con la de una estación meteorológica.
La sensación de calor, además, puede ser mucho mayor cuando una persona espera bajo el sol o cerca de superficies recalentadas. En una ciudad como Madrid, el asfalto, los edificios y el mobiliario urbano intensifican esa percepción térmica.
Las marquesinas refrescantes de EMT Madrid ante los episodios de calor extremo
El calor en las paradas de autobús se ha convertido en un asunto relevante para la movilidad urbana. EMT Madrid instaló en 2024 dos marquesinas refrescantes en Pavones y Villaverde Cruce, con un sistema de enfriamiento por evaporación y ventilación que se activa a partir de los 25 grados. Según el Ayuntamiento, este sistema puede reducir la temperatura ambiente de la marquesina hasta en 9 grados, dependiendo de las condiciones exteriores.
Estos prototipos forman parte de las soluciones que se están probando para mejorar la espera de los viajeros en episodios de calor intenso. La red de EMT Madrid contaba entonces con 5.186 paradas y 4.565 marquesinas repartidas por la ciudad, según los datos difundidos por el Ayuntamiento.
La lectura de 51 grados en una parada no equivale a la temperatura oficial del aire, pero sí muestra hasta qué punto el mobiliario urbano puede acumular calor en plena calle. Para los usuarios del transporte público, esa diferencia se traduce en esperas más duras durante las horas centrales del día.
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