La tecnología se suma a las obligaciones legales de prevención para combatir las temperaturas extremas en los servicios de limpieza y mantenimiento.
El empleo de las pulseras contra el calor se consolida como un recurso tecnológico clave para salvaguardar a las plantillas que desempeñan su labor a la intemperie frente al calor extremo que supera el límite sanitario. En Alcalá de Henares, más de 400 operarios de limpieza y mantenimiento urbano portarán estos dispositivos inteligentes durante el verano. Una medida obligatoria para peones, conductores y operarios de soplado en la vía pública que busca identificar de forma precoz el riesgo de hipertermia tras un exitoso ensayo el año anterior.
Esta iniciativa, promovida por la compañía Valoriza y el ayuntamiento de la localidad madrileña, aspira a servir de modelo para otras administraciones y contratas públicas en el territorio nacional. Al ser una tecnología ya validada en fases de prueba previas, su viabilidad técnica está demostrada para implantarse a gran escala en sectores urbanos y agrícolas expuestos directamente a la radiación solar.
Qué son las pulseras contra el calor y cómo vigilan la salud
Estos dispositivos se ajustan en la muñeca para registrar de forma ininterrumpida la temperatura corporal del empleado; presentan un diseño adaptado para labores en condiciones extremas y operan de manera autónoma unos cinco meses sin precisar recargas.
Si el aparato detecta que el organismo supera el límite de seguridad fijado, activa una alerta simultánea mediante vibración, sonido y señal luminosa: este triple aviso previene al operario ante una elevación térmica anómala que pueda desencadenar un golpe de calor.
La introducción de las pulseras contra el calor no reemplaza a los planes habituales de prevención de riesgos laborales; su meta es aportar una vía de control activo para que el propio trabajador vigile su estado físico en tiempo real y actúe antes de que surjan síntomas graves.
Qué exige la ley ante las temperaturas extremas en el trabajo
La incorporación de tecnología complementa el estricto marco normativo vigente en España. El Real Decreto 486/1997, modificado por el Real Decreto-ley 4/2023, obliga a las empresas a adoptar medidas adecuadas para proteger a sus plantillas frente a fenómenos meteorológicos adversos.
La normativa estatal establece que, cuando la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) o el órgano autonómico correspondiente emitan avisos de nivel naranja o rojo, las empresas deben adaptar las condiciones de trabajo. Si las medidas preventivas previas no garantizan la seguridad, la ley exige la reducción o modificación de la jornada laboral, lo que incluye la prohibición de realizar determinadas tareas en las horas de mayor exposición solar.
El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo aclara que no existe una norma legal nacional específica para evaluar el estrés térmico, por lo que se recurre a métodos técnicos reconocidos. En 2025, este organismo actualizó su calculador de sobrecarga térmica estimada basándose en normas técnicas internacionales para definir el tiempo máximo de exposición recomendado. Además, en mayo de 2026, presentó junto a la AEMET un proyecto que utiliza el índice WBGT como referencia para adaptar las tareas al aire libre.
El protocolo de prevención frente al estrés térmico
La prevención práctica en sectores como la construcción, la agricultura, el reparto o la limpieza urbana requiere combinar la vigilancia individualizada con pautas organizativas estrictas. Las recomendaciones oficiales para evitar accidentes graves durante las jornadas calurosas se resumen en las siguientes pautas:
- Suministrar agua fresca de forma continua a toda la plantilla para garantizar una hidratación constante.
- Facilitar el acceso a zonas de sombra o a vehículos climatizados donde los empleados puedan recuperarse del esfuerzo.
- Reorganizar los turnos de trabajo para evitar las tareas más pesadas durante las horas centrales del día.
- Fomentar el trabajo en equipo para que los compañeros puedan supervisarse mutuamente y detectar anomalías.
- Formar a los trabajadores para identificar síntomas iniciales del golpe de calor como el dolor de cabeza, el pulso acelerado, la piel seca y roja, las náuseas o los vómitos.
La tecnología de las pulseras contra el calor se presenta como un aliado para hacer visible un peligro invisible y asegurar que nadie trabaje al límite de sus fuerzas.








