El palacete neomudéjar, construido en 1894 y protegido por su valor histórico, pasa al patrimonio municipal después de su reconstrucción y se habilitará para uso cultural.
El Ayuntamiento de Madrid ha completado la reconstrucción de la Villa de San Miguel, uno de los edificios históricos de Carabanchel Alto. El inmueble, levantado en 1894, quedó prácticamente en ruinas tras años de abandono y un incendio ocurrido en 2006. Ahora pasa a formar parte del patrimonio municipal y está previsto que se habilite como nuevo equipamiento cultural para los vecinos, según ha informado el Consistorio este 25 de agosto.
La Villa de San Miguel vuelve a levantarse tras quedar prácticamente en ruinas
La recuperación devuelve al distrito un palacete que forma parte de la historia de Carabanchel desde finales del siglo XIX. La actuación ha tenido que respetar los criterios establecidos por la Comisión Local de Patrimonio Histórico debido a la protección del inmueble. El edificio estaba incluido desde 1997 en el Catálogo de Edificios Protegidos del Plan General de Ordenación Urbana de Madrid.
El deterioro se había agravado durante décadas. Después de quedar abandonado, un incendio registrado en 2006 dejó la construcción en una situación de ruina casi integral. Su estado contrastaba con el nivel de protección patrimonial que tenía reconocido. La recuperación se suma a otras iniciativas destinadas a poner en valor el patrimonio del distrito, como las rutas gratuitas por Carabanchel.
Un palacete neomudéjar construido en Carabanchel en 1894
La Villa de San Miguel fue construida por Miguel Rovira Montenegro en 1894. Su nombre hacía referencia al santo patrón de su promotor. El edificio se levantó en ladrillo visto y con un estilo neomudéjar, dentro del fenómeno de las quintas de recreo que se extendió por Carabanchel durante la segunda mitad del siglo XIX.
Numerosas familias de la aristocracia y la burguesía eligieron entonces esta zona de Madrid para levantar villas y palacetes suburbanos. San Miguel destacaba por el cuerpo central de su fachada principal y por una galería acristalada en la parte posterior. En el interior había carpinterías nobles, artesonados, elementos de ebanistería, pinturas murales, papel pintado y tapices. Este pasado señorial también está presente en espacios cercanos como la Finca Vista Alegre, otro de los enclaves históricos del distrito.
De residencia de verano a escuela y escenario de una película
La función del inmueble cambió durante el siglo XX. Entre las décadas de 1950 y 1970 pasó a estar gestionado por la Escuela Apostólica y se utilizó como recinto educativo. En esos años también quedó ligado a la historia del cine español, ya que sirvió como localización para el rodaje de La Busca, película estrenada en 1966 e inspirada en la novela de Pío Baroja.
Tras esa etapa comenzó un largo periodo de abandono. El Ayuntamiento señala que la Comisión Local de Patrimonio Histórico estableció la obligación de reconstruir el edificio conforme a los criterios de conservación fijados previamente. El proyecto promovido por la Junta de Compensación Aguacate-Duquesa de Tamames recibió el visto bueno de este órgano en septiembre de 2020. Carabanchel mantiene además otros elementos históricos menos conocidos, entre ellos el yacimiento arqueológico del distrito.
El Ayuntamiento incorporará el edificio a los espacios culturales de Carabanchel
La intervención se ha desarrollado dentro del Área de Planeamiento Específico Casco Histórico de Carabanchel Alto, en la unidad de ejecución Aguacate-Duquesa de Tamames. El ámbito está situado entre las calles Teresa Cabarrús, Antonia Rodríguez Sacristán, Duquesa de Tamames y Aguacate. Cuenta con 14.282 metros cuadrados de superficie y 16.729,16 metros cuadrados de edificabilidad residencial.
Una vez ejecutados los trabajos y completados los trámites urbanísticos y registrales, el palacete se incorpora al patrimonio municipal. La Dirección General de la Edificación comprobó la ejecución de las obras conforme a la licencia y posteriormente se formalizó la escritura de obra nueva. El Ayuntamiento indica que la inscripción en el Registro de la Propiedad quedó formalizada el pasado marzo. El siguiente paso será habilitar el inmueble como equipamiento cultural, dando un nuevo uso público a una construcción que durante años permaneció en ruinas.
La parcela también mantiene un vínculo histórico con Teresa Cabarrús y su familia. Fuentes históricas sitúan en este entorno actividades empresariales de su padre, Francisco Cabarrús, y una posible villa de recreo anterior a la construcción levantada por Rovira. Ese pasado amplía el valor histórico de un espacio que vuelve ahora al patrimonio público madrileño.
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