Los últimos modelos meteorológicos apuntan a que El Niño podría formarse a partir de mayo y julio de 2026. La duda está en su intensidad, ya que algunos escenarios elevan el riesgo de un episodio fuerte o muy fuerte.
Las señales en el Pacífico ecuatorial han aumentado en las últimas semanas y los organismos internacionales ya vigilan la posible llegada de El Niño, un fenómeno climático que puede alterar las temperaturas, las lluvias y la temporada de huracanes en distintas zonas del planeta. La NOAA mantiene activada la vigilancia por El Niño y calcula un 82% de probabilidad de que aparezca entre mayo y julio de 2026, con un 96% de opciones de que continúe durante el invierno del hemisferio norte de 2026-2027.
Qué es el fenómeno El Niño y por qué los meteorólogos lo vigilan ahora
El Niño forma parte de la Oscilación del Sur, conocida como ENSO, un patrón natural que combina cambios en la temperatura del océano Pacífico ecuatorial y en la atmósfera. Cuando las aguas del Pacífico central y oriental se calientan por encima de lo normal, pueden desencadenarse alteraciones en los patrones de lluvia, sequía y temperatura en numerosas regiones.
Este fenómeno suele aparecer cada dos a siete años y puede durar entre nueve y doce meses. La Organización Meteorológica Mundial señala que el Pacífico ecuatorial muestra un cambio claro, con temperaturas de la superficie del mar en rápido ascenso y una posible vuelta de El Niño desde mayo a julio de 2026.
El término “Súper El Niño” se usa de forma coloquial para referirse a episodios de gran intensidad, pero no es una categoría oficial utilizada por la OMM. El propio organismo advierte de que cada evento es distinto y de que sus efectos dependen de la intensidad, la duración y la interacción con otros factores climáticos.
En qué se basan los científicos para lanzar esta alerta
La preocupación nace de los modelos que apuntan a un fortalecimiento del calentamiento del Pacífico a lo largo del año. Según la NOAA, todavía existe una incertidumbre importante sobre la intensidad máxima del episodio, aunque sus probabilidades oficiales muestran un 33% de opción de un El Niño muy fuerte entre octubre y diciembre de 2026, y un 37% entre noviembre de 2026 y enero de 2027.
La BBC recoge que algunos científicos piden cautela ante los titulares más llamativos, porque las predicciones realizadas en primavera son más delicadas y no garantizan un resultado concreto. En 2017, por ejemplo, algunos modelos apuntaban a El Niño y finalmente las condiciones cambiaron hacia La Niña.
También la Agencia Meteorológica de Japón coincide en que el Pacífico tropical se dirige hacia condiciones de El Niño y eleva al 90% la probabilidad de que se desarrollen durante el verano boreal.
Qué consecuencias puede tener El Niño en el clima del planeta
El Niño suele tener un efecto de calentamiento sobre la temperatura global y puede modificar la distribución de las lluvias. La OMM indica que suele asociarse con más precipitaciones en partes del sur de Sudamérica, el sur de Estados Unidos, el Cuerno de África y Asia central, mientras que puede favorecer la sequía en Australia, Indonesia y zonas del sur de Asia.
En América Latina, los impactos más visibles suelen darse cerca del Pacífico. Perú y Ecuador pueden sufrir lluvias intensas e inundaciones, mientras que otras zonas del norte de Sudamérica pueden afrontar condiciones más secas. En el Pacífico oriental y central, El Niño puede favorecer la formación de huracanes, aunque tiende a dificultarla en el Atlántico.
La intensidad del fenómeno no garantiza que todos los impactos sean extremos. La NOAA recuerda que un El Niño más fuerte aumenta ciertas probabilidades, pero no asegura efectos concretos en cada región. Por eso, los científicos insisten en seguir la evolución de los próximos meses antes de hablar de un escenario cerrado. Cualquier otro cambio meteorológico que se acerque lo publicaremos en nuestra sección de actualidad.








