Una sentencia de Barcelona declara improcedente el despido de una teleoperadora que acudió de urgencia al veterinario para acompañar a su perra en una eutanasia. El fallo refuerza la protección ante casos graves e imprevisibles, aunque el Estatuto de los Trabajadores sigue sin contemplar un permiso específico por mascotas.
Un juzgado de Barcelona ha declarado improcedente el despido disciplinario de una trabajadora que dejó su puesto después de recibir la llamada de la clínica veterinaria donde estaba ingresada su perra. El juez entendió que aquella ausencia respondió a una situación sobrevenida, grave y humanitaria, y no a una falta injustificada por capricho.
Qué ha dicho la sentencia sobre faltar al trabajo por una urgencia veterinaria
Los hechos se remontan a finales de 2024, cuando la empresa sancionó a la empleada por cuatro ausencias. El juzgado analizó cada una por separado y concluyó que la salida para acudir a la eutanasia urgente del animal no podía tratarse igual que una ausencia inmotivada. Por eso declaró improcedente el despido y dio a la empresa dos opciones: readmitirla o abonarle 4.116,42 euros de indemnización.
La resolución enlaza además con el marco legal de protección animal. La Ley 7/2023 obliga a mantener a los animales en condiciones de vida dignas y a prestarles los cuidados sanitarios necesarios, mientras que el Código Civil reconoce que son seres dotados de sensibilidad.
Por qué el Estatuto de los Trabajadores no reconoce un permiso por mascotas
El problema está en que la protección judicial no equivale a un permiso laboral general. El artículo 37 del Estatuto recoge ausencias retribuidas por matrimonio, enfermedad grave, hospitalización o fallecimiento de familiares y convivientes, entre otras causas tasadas. Además, el apartado 9 reconoce horas retribuidas de ausencia por fuerza mayor cuando existan motivos familiares urgentes relacionados con familiares o personas convivientes. La norma, sin embargo, no menciona a las mascotas.
Eso deja una conclusión clara: una urgencia veterinaria puede llegar a justificar la ausencia en supuestos extremos, pero no genera automáticamente un permiso retribuido como el que sí existe para familiares o convivientes. La sentencia de Barcelona protege un caso concreto y marca un criterio relevante, pero no cambia por sí sola la regulación laboral vigente.
Qué debe hacer el trabajador para justificar la ausencia y evitar problemas
Cuando surja una situación así, lo más útil es comunicarlo a la empresa en el momento y guardar toda la documentación posible. Un informe veterinario, el justificante de urgencias o el registro de la llamada pueden ser determinantes si después hay discusión sobre la gravedad y la imprevisibilidad del caso.
También es recomendable revisar el convenio colectivo y, si la empresa lo acepta, acordar cómo se compensará ese tiempo. A falta de un permiso específico, la ausencia puede evitar una sanción o un despido si está bien acreditada, pero no asegura el cobro de la jornada salvo que exista una mejora por convenio o acuerdo interno. Puedes conocer otros derechos laborales accediendo a nuestra sección de empleo.








