Las viviendas colaborativas para mayores ganan terreno en la Comunidad de Madrid. Cooperativas autogestionadas permiten compartir espacios y actividades sin renunciar a una vivienda privada ni depender del modelo tradicional de residencia.
Madrid vive una nueva oleada de proyectos de cohousing senior, como alternativa a las residencias. Una fórmula pensada para personas que quieren decidir cómo vivir sus últimos años y hacerlo acompañadas. El modelo combina apartamentos privados, amplias zonas comunes y una organización cooperativa en la que los propios residentes participan en la gestión.
Villa Rosita, en Torrelodones, es uno de los ejemplos más consolidados. El complejo reúne 29 viviendas y 41 residentes que compraron el terreno y gestionaron la construcción. El proyecto comenzó en 2016, cuando un grupo de amigos empezó a plantearse una alternativa para envejecer juntos.
Viviendas privadas, zonas comunes y una cooperativa que evita la especulación
En estos proyectos, la vivienda no suele pertenecer individualmente a cada residente. La propiedad queda en manos de la cooperativa y cada socio adquiere un derecho de uso. En Villa Rosita, la aportación ronda los 260.000 euros y puede recuperarse al abandonar el complejo, aunque sin obtener un beneficio especulativo.
¿Y cómo es el día a día? Las instalaciones pueden incluir comedor, cocina comunitaria, salas de lectura y música, gimnasio, huerto o piscina. Los residentes también organizan actividades como senderismo, baile, cinefórum y talleres, aportando sus conocimientos y experiencia a la comunidad.
No se trata únicamente de compartir un edificio. La interacción social, la actividad física y la alimentación forman parte de una filosofía que busca combatir la soledad y mantener una vida activa. Eso sí, las cooperativas buscan personas dispuestas a participar y colaborar.
Estos son los proyectos de cohousing senior que avanzan en Madrid
La Comunidad de Madrid ya cuenta con varias iniciativas en funcionamiento o en fase de desarrollo:
- Villa Rosita, en Torrelodones, con 29 viviendas.
- Entrecantos, en Tres Cantos, con 35 unidades habitacionales.
- La Corrala, en Rivas Vaciamadrid, con un terreno municipal cedido en 2025.
- Ad Petrum, en Guadarrama, con un enfoque que combina convivencia y atención asistencial.
- Trabensol, en Torremocha de Jarama, con 13 años de experiencia.
Algunos proyectos necesitan entre ocho y diez años para pasar de la idea inicial a la ocupación de las viviendas. La Corrala, por ejemplo, nació en 2019 y logró años después la cesión de una parcela municipal mediante un derecho de uso durante 75 años.
El reto de los cuidados, la financiación y una convivencia bien organizada
El envejecimiento de los residentes obliga a prever futuras situaciones de dependencia. Entrecantos mantiene un acuerdo con la Fundación San Camilo, mientras que Trabensol dispone de distintos niveles de atención y personal cualificado. Quienes necesitan servicios adicionales pagan un extra, salvo que no puedan asumirlo y la cooperativa se haga cargo.
Pero no todo es sencillo. La falta de ayudas públicas, el desconocimiento administrativo y las dificultades para obtener financiación frenan algunas iniciativas. Las cooperativas señalan que muchas entidades bancarias todavía no comprenden bien este modelo y que sus principales alternativas son la banca ética y el Instituto de Crédito Oficial.
Aun así, el cohousing senior sigue creciendo como una opción para quienes quieren envejecer con autonomía, apoyo mutuo y capacidad de decisión. Una alternativa que busca sumar vida a los años y reducir el aislamiento sin renunciar a la intimidad.








