Levantó un castillo piedra a piedra durante 53 años, sin planos ni reglas, hasta convertir una idea obsesiva en una atracción turística única.
Imagina dedicar 53 años a levantar un castillo de piedra, pieza por pieza, prácticamente sin ayuda. Eso es Bishop Castle, la estructura que Jim Bishop fue levantando a base de trabajo manual, chatarra reaprovechada y mucha, muchísima terquedad. En lo alto hay una torre de 160 pies y un dragón metálico hecho con bandejas térmicas desechadas de un hospital, remachado con 12 remaches. La filosofía del lugar es igual de directa: “libertad total” y una regla básica, entras bajo tu propio riesgo. Hoy, su hijo Dan Bishop enseña el castillo con orgullo mientras el estado de salud de Jim, afectado por la enfermedad de Parkinson, le obliga a bajar el ritmo.
¿Cómo empezó todo y por qué terminó siendo un castillo?
Todo arrancó en 1969 con algo bastante más modesto: Jim construyó una primera habitación encima de una gran roca, un pequeño chalet montado alrededor de un tanque de agua. Tenía ventanas arqueadas y redondas, y eso bastó para que los transeúntes empezaran a decir que ya parecía un castillo, aunque en realidad era solo el principio.
En 1973, su padre le preguntó qué estaba haciendo y Jim respondió que la gente quería un castillo y que él iba a construir uno para ellos. El abuelo no quiso implicarse, porque prefería evitar la idea de tener un castillo atrayendo gente a las montañas, y Jim lo tomó como señal de que sería un proyecto individual. Con el tiempo, incluso decidió que no quería más ayuda.
Antes de tener una grúa de desguace, Jim trabajaba de la forma más rudimentaria posible: un camión viejo, un cable, unas poleas y una cesta. El método era repetitivo y casi absurdo: arrastrar la piedra, colocarla en la cesta, atar el cable al camión, dar marcha atrás para levantar la carga, sacar cada piedra de la cesta y colocarla en su sitio… y repetir durante años.
En ciertas épocas, movía unas tres toneladas de piedra cada dos días para ir encajándolo todo en la estructura. En un solo verano, una de las torres se elevó unos 60 pies, después de madrugar con el sol para cargar, cortar, ajustar y cementar piedras. Y mientras un tercio de su vida se iba en construir, los otros dos tercios se iban en trabajar para comprar cemento, hierro, combustible y todo lo necesario: porque la roca podía salir gratis, pero el resto, desde luego, no.
¿Qué tiene hoy el castillo de piedra y qué parte queda enterrada?
Visto hoy, cuesta creer que todo saliera de aquel chalet inicial: la estructura actual es un castillo completo de piedra, con muros gruesos, contrafuertes, balcones, pasarelas y niveles superpuestos. Los contrafuertes son esos “refuerzos” que se añaden para sostener muros y evitar que se venzan, y aquí fueron una respuesta directa a un miedo muy concreto: Jim vio que los muros crecían tanto que podían derrumbarse hacia afuera.
Por eso creó arbotantes, que funcionan como brazos de piedra y metal que sostienen la estructura y reparten el peso. Uno de esos contrafuertes desciende unos 15 pies bajo tierra, dejando claro que hay una parte enorme del castillo que el visitante ni ve porque está enterrada en roca sólida. Y el techo también tiene sello casero: cada lámina se dobló a mano a partir de piezas planas, muchas trabajadas en invierno, y luego se izaron con cables para colocarlas en su sitio. Si quieres conocer otras noticias curiosas, accede a nuestra sección de actualidad.








