El metro más grande de España invertirá más de un millón de euros en dos nuevas máquinas de auscultación de vía, un contrato que desvincula del accidente de Adamuz.
El suburbano madrileño, con una red de 300 kilómetros y 736.874.012 viajes registrados en 2025, ha reconocido en documentación oficial que los equipos de su propiedad para revisar manualmente el estado de las vías están “obsoletos”. Esa obsolescencia limita su capacidad operativa y condiciona la planificación de las campañas de inspección, por lo que ha puesto en marcha una licitación de más de un millón de euros para adquirir dos nuevos equipos de auscultación. La empresa insiste en que esta renovación no responde al reciente accidente ferroviario de Adamuz, en el que murieron 46 personas.
Metro de Madrid admite la obsolescencia de los equipos de auscultación manual de sus vías
Los equipos de auscultación ultrasónica dual que utiliza el suburbano fueron comprados en 2014 y, según la propia documentación, sufren una clara obsolescencia tecnológica tanto en el software como en el hardware. Están preparados para recorrer las vías a solo diez kilómetros por hora y no pueden transmitir la información en tiempo real, lo que complica la organización del mantenimiento.
¿Por qué es tan grave que estos aparatos se queden anticuados? Porque, como reconoce la compañía, el buen estado de los carriles es un factor crítico para la seguridad de la circulación. Las técnicas de inspección visual no bastan para detectar fisuras o defectos internos que no se ven a simple vista, pero que pueden comprometer la integridad de la vía. En la documentación del contrato se detallan varias limitaciones de los equipos actuales que justifican su sustitución:
- Obsolescencia tecnológica de los equipos, que afecta tanto al software como al hardware y dificulta su disponibilidad y la planificación de las inspecciones.
En definitiva, se trata de máquinas “tocadas de muerte” que ya no responden a las necesidades de una red que funciona a pleno rendimiento y que bate récords de viajeros año tras año. De ahí la urgencia de una renovación profunda del instrumental.
La inversión millonaria en nuevas máquinas de ultrasonidos y corrientes inducidas para reforzar la seguridad
La licitación contempla la compra de dos nuevos equipos de inspección de carril por ultrasonidos. La empresa explica que es “imprescindible” disponer de aparatos específicos que permitan la auscultación del carril y la detección precoz de discontinuidades internas con el fin de prevenir fallos estructurales, reducir el riesgo de accidentes y optimizar las labores de mantenimiento.
Además, el nuevo contrato incorpora una mejora adicional: junto al sistema de detección por ultrasonidos, se añadirá un sistema de detección de defectos superficiales a través de corrientes inducidas. Este método está pensado para localizar daños en la superficie del carril que los ultrasonidos no pueden detectar por cuestiones físicas y que, si no se corrigen, pueden terminar en fisuras y roturas. Por tanto, se busca cazar los problemas antes de que den la cara.
La compañía pública recalca que “este contrato no se realiza a raíz de Adamuz” y que forma parte de una dinámica periódica de renovación de equipos que se prepara desde hace meses, con el objetivo de sustituir las máquinas existentes por otras con tecnología más avanzada. ¿Notará algo el usuario en su viaje diario? Si todo funciona como debe, probablemente no, y ese es precisamente el objetivo.
Una red centenaria en expansión que exige más mantenimiento y más inversión constante
Con 736.874.012 viajes en 2025, un 3 por ciento más que el año anterior, el suburbano madrileño batió su récord de demanda a pesar de los largos meses de cierre por obras de la línea seis, que llevaron a la línea uno a ser la más utilizada en ese periodo. Todo apunta a que la cifra se superará en 2026.
Este crecimiento llega en pleno proceso de transformación: la línea seis avanza hacia la operación con trenes sin conductor y se ejecutan ampliaciones en las líneas cinco y once, además del proyecto para extender también la nueve. Se trata de una red centenaria y en expansión, gestionada por la mayor compañía pública de la Comunidad de Madrid junto al Canal de Isabel II, y castigada por recientes problemas presupuestarios. La compra de las nuevas máquinas de auscultación es un ejemplo claro de la tensión entre inversión, modernización y control del gasto.
En paralelo a esta renovación tecnológica, la empresa mantiene una intensa actividad de mantenimiento. Realiza de forma continua la inspección de la vía mediante ultrasonidos, recorriendo toda la red en seis meses, además de trabajos periódicos de reperfilado del carril, vigilancia presencial a pie cada 90 días y revisión del engrase de la vía, siempre durante la noche, cuando el servicio está cerrado.
Según la propia compañía, algunas de estas tareas de mantenimiento de la vía se organizan de la siguiente manera:
| Tipo de actuación | Frecuencia aproximada | Objetivo principal |
|---|---|---|
| Auscultación de vía por ultrasonidos | Toda la red en seis meses | Detectar defectos internos del carril |
| Reperfilado de carril | Periódico | Optimizar la rodadura y eliminar defectos en superficie |
| Vigilancia presencial de vía a pie | Cada 90 días | Comprobar sobre el terreno el estado de la vía |
| Revisión del engrase de la vía | Periódica | Reducir desgaste y garantizar una circulación adecuada |
De la correcta ejecución de estos trabajos depende en parte la seguridad del transporte en la red de metro más grande de España. Al final, se trata de que cada mañana el tren esté donde tiene que estar y el viajero no tenga que preocuparse por lo que pasa bajo las ruedas.








