La ordenanza vigente del Ayuntamiento de Madrid sanciona prohibiciones tan inesperadas como rebuscar en contenedores, verter agua del riego a la calle o ensuciar la vía pública al limpiar un vehículo.
Madrid cuenta con una de las normativas municipales más detalladas de España cuando se trata de regular el comportamiento en el espacio público. Muchas de sus reglas son conocidas (como recoger los excrementos de los perros o no tirar basura al suelo), pero otras resultan sorprendentes incluso para los propios madrileños. Desde alimentar palomas hasta dejar caer el agua de las macetas a la calle, algunas acciones cotidianas pueden terminar en sanciones económicas que alcanzan los 750, 1.500 o incluso 3.000 euros. Estas son algunas de las prohibiciones más curiosas que existen actualmente en la capital y las multas que pueden conllevar.
Prohibiciones raras en Madrid: las multas más curiosas
La lista de prohibiciones en Madrid va bastante más allá de las infracciones que todo el mundo tiene en mente. La Ordenanza 12/2022, de Limpieza de los Espacios Públicos, Gestión de Residuos y Economía Circular, recoge conductas muy concretas que el Ayuntamiento considera sancionables. Además, fija tres escalas de castigo: las infracciones leves se multan con hasta 750 euros, las graves con entre 751 y 1.500 euros y las muy graves con entre 1.501 y 3.000 euros.
Uno de los casos más llamativos es el de dar de comer a las palomas. Madrid Salud recuerda de forma expresa que alimentar a estas aves en espacios públicos inmediatos está prohibido por la Ordenanza Municipal de Protección y Tenencia de Animales. Y, además, la ordenanza de limpieza tipifica como infracción grave dar de comer a animales cuando esa conducta genera suciedad en la vía pública, por lo que la sanción puede situarse entre 751 y 1.500 euros. En esa misma categoría de prohibiciones poco conocidas aparece otra muy curiosa: rebuscar o extraer residuos de papeleras y contenedores, una conducta que se considera infracción leve y que puede costar hasta 750 euros.
También sorprenden varias prohibiciones ligadas a gestos cotidianos de balcón o terraza. La norma considera infracción leve verter agua al espacio público procedente del riego de las plantas y también hacerlo como consecuencia de la limpieza de terrazas de edificios o similares. En otras palabras: dejar que el agua de las macetas caiga a la calle o baldear la terraza y que termine en la acera puede acarrear una multa de hasta 750 euros. Son pequeñas acciones domésticas, pero para el Ayuntamiento forman parte del problema de la limpieza urbana cuando afectan al espacio común.
Qué está prohibido en Madrid y cuánto cuesta saltarse la norma
Entre las multas más llamativas de Madrid figuran también las relacionadas con la higiene en plena calle. La ordenanza prohíbe satisfacer las necesidades fisiológicas ensuciando el espacio público y, del mismo modo, tipifica como infracción grave escupir en vías o espacios públicos. En ambos supuestos, la horquilla sancionadora va de 751 a 1.500 euros. La clasificación municipal deja claro que no se trata de simples faltas menores, sino de conductas que el Ayuntamiento encuadra entre las infracciones graves contra la limpieza del espacio urbano.
Otra de las prohibiciones más raras de Madrid afecta al cuidado del coche. La redacción vigente sanciona ensuciar el espacio público como consecuencia del estado, mantenimiento o limpieza de cualquier tipo de vehículo o maquinaria, y esa conducta está catalogada como grave. Por eso, limpiar un coche en la calle de forma que deje barro, restos o suciedad sobre la calzada puede acabar en una multa de entre 751 y 1.500 euros. No es tanto el acto de pasar una bayeta como el resultado sobre la vía pública lo que activa la sanción.
La clave de estas prohibiciones curiosas en Madrid está en que la ordenanza no solo castiga el gesto, sino también sus consecuencias. El texto permite graduar la cuantía según el perjuicio causado, la reincidencia o la intencionalidad, y además faculta al Ayuntamiento para imputar al responsable el coste de la limpieza o la restitución del espacio afectado. Así, lo que parece una anécdota (dar pan a las palomas, dejar caer agua del riego o escupir en la acera) puede terminar en una sanción relevante. En Madrid, lo raro también sale caro.
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