Miguel Sanz, un joven autónomo, ha transformado su quiosco del barrio de Salamanca en una “librería de calle” con redes sociales, web propia y firmas al aire libre. Su fórmula muestra cómo un negocio tradicional puede modernizarse sin perder el trato cercano.
Los quioscos llevan años sufriendo la caída de la prensa en papel y el impacto que dejó la pandemia. En Madrid, el sector ha adelgazado hasta situarse en torno a 300 quioscos, unos 200 menos que antes de la pandemia, según datos trasladados por vendedores en una reunión con el Ayuntamiento. Aun así, surgen iniciativas que demuestran que el modelo puede reinventarse, como el quiosco solidario de Arganzuela, que genera empleo para personas en situación vulnerable.
Cómo Miguel Sanz convirtió su quiosco del barrio de Salamanca en un espacio cultural con libros
Miguel Sanz tiene 32 años y se hizo cargo del quiosco hace once años, cuando se traspasaba. Su punto de partida fue la pasión por el papel y la literatura, y desde ahí empezó a cambiar el enfoque del negocio, sin renunciar a lo esencial: abrir cada día y atender a los vecinos.
Su proyecto, llamado Kioskalia, ya no se limita a periódicos y revistas. La venta de libros forma parte del día a día y, en fines de semana, el quiosco da un paso más: se convierte en un pequeño escenario cultural donde autores presentan y firman ejemplares al aire libre.
La idea es sencilla, pero potente para un comercio de proximidad: convertir una compra rápida en una experiencia. En un sector donde muchos puestos han bajado la persiana, diferenciarse es, muchas veces, la única forma de seguir.
Redes sociales y página web para atraer clientes jóvenes y aumentar ventas en un negocio local
Una de las grandes palancas de Kioskalia ha sido la presencia digital. El quiosco cuenta con redes sociales y página web para ampliar alcance y llegar a perfiles que ya no pasan a diario por el puesto, o que directamente no compran prensa, pero sí consumen contenido cultural.
En Instagram, Miguel publica vídeos en los que comenta las principales noticias del día y recomienda lecturas que también se pueden comprar en el quiosco. Ese contenido actúa como escaparate, crea hábito y, además, coloca al vendedor como prescriptor, no solo como punto de venta.
Para muchos autónomos y pequeños comercios, aquí hay una enseñanza clara: la red social no sustituye al negocio físico, lo refuerza. Si el cliente descubre un libro en un vídeo y puede recogerlo en el barrio, se reduce la barrera de compra y se gana lo que más cuesta hoy, atención.
Ayudas municipales, bonificaciones de tasas y un sector que busca sobrevivir en Madrid
La reinvención individual llega hasta donde llega si el entorno es adverso. En Madrid, los vendedores de prensa han alertado del cierre de quioscos y han trasladado al Ayuntamiento la necesidad de nuevas oportunidades para un sector que considera histórico en los barrios.
Desde el Consistorio, la delegada de Economía ha recordado medidas ya aplicadas, como la modificación de la ordenanza reguladora en 2021 y la bonificación del 100% de la tasa de ocupación en vía pública. También se ha mencionado que, desde 2019, se han concedido subvenciones a la asociación del sector por un total de 185.000 euros.
Aun así, la fragilidad sigue ahí. Un ejemplo reciente fue el cierre del último quiosco de Conde de Casal, cuyos responsables aseguraron que las obras del intercambiador y la ampliación de la L11 les dejaron sin clientes y que las ventas llegaron a caer un 70%.
Por eso, casos como el de Miguel Sanz llaman la atención: porque demuestran que, con producto añadido (libros), comunidad (firmas y presentaciones) y comunicación (redes), un quiosco puede recuperar sentido en la vida diaria de un barrio. Accede a nuestra sección de actualidad para conocer otras noticias de interés.








