El aprendizaje del alfabeto Braille reorganiza de forma progresiva la materia blanca del cerebro en personas videntes, según un estudio neurológico reciente.
Un estudio neurológico reciente señala que, en personas videntes que aprenden a leer Braille con el tacto, el cerebro va reorganizando conexiones con el paso de los meses. Y no lo hace todo a la vez: unas zonas cambian antes, otras después. El aprendizaje del alfabeto táctil va moviendo piezas en la estructura cerebral, a ritmos distintos.
¿Qué ha encontrado el estudio sobre aprender Braille en personas videntes?
El trabajo, difundido en la revista científica Neuroscience y publicado en julio en JNeurosci, pone el foco en cómo evoluciona la estructura del cerebro durante el aprendizaje del Braille en adultos videntes. La idea central es sencilla: el aprendizaje, sea el que sea, induce plasticidad cerebral, es decir, la capacidad del cerebro de adaptarse y cambiar.
En este caso, los investigadores destacan cambios en la materia blanca, que son las fibras nerviosas que conectan distintas regiones del cerebro. Son como “autopistas internas” que ayudan a que unas zonas se coordinen con otras, y el estudio observa cómo esas conexiones se refuerzan o se reorganizan mientras se aprende a leer con los dedos.
El Braille se basa en la lectura táctil de seis puntos en relieve. Y ahí está la clave: cuando una persona vidente (con suficiente resto visual como para leer tinta en formato tradicional) entrena esa lectura con el tacto, el cerebro tiene que adaptarse a una exigencia nueva.
Según el estudio, en ese proceso se reorganizan la corteza somatosensorial (la parte que procesa el tacto) y la corteza visual (la vinculada a la visión). Aunque puedas leer “a la manera de siempre”, al entrenar el alfabeto táctil el cerebro reajusta cómo reparte el trabajo entre zonas que normalmente no se coordinan así para leer.
¿En qué se diferencia este trabajo de investigaciones anteriores sobre aprendizaje?
Hasta ahora, muchas investigaciones sobre cambios cerebrales por aprendizaje comparaban el “antes” y el “después” del entrenamiento. Eso dejaba una duda: vale, cambia… pero ¿cuándo empieza a cambiar exactamente y cómo evoluciona durante el proceso?
Este estudio quiso ir más allá midiendo el curso temporal de esos cambios. Para ello usaron resonancia magnética de difusión, un tipo de resonancia que permite estimar la “fuerza” o el estado de la materia blanca, y siguieron el aprendizaje durante un periodo de ocho meses, con cinco mediciones repartidas a lo largo del entrenamiento. A continuación se resume cómo se distribuyeron esas mediciones a lo largo del proceso:
| Medición | Momento dentro del aprendizaje |
|---|---|
| 1 | Antes del entrenamiento |
| 2 | Durante el entrenamiento (primer control) |
| 3 | Durante el entrenamiento (segundo control) |
| 4 | Durante el entrenamiento (tercer control) |
| 5 | Después del entrenamiento |
Con ese seguimiento, los investigadores buscaban poner fechas internas (por decirlo así) a la reorganización cerebral, en vez de quedarse solo con una foto inicial y otra final.
¿Qué cambios se vieron y cuándo aparecen?
Uno de los hallazgos es que la materia blanca de las áreas somatosensoriales se fue fortaleciendo de forma constante a lo largo del entrenamiento. Es decir, mientras avanzaba el aprendizaje del Braille, las conexiones vinculadas al tacto iban reforzándose de manera continuada durante el periodo observado.
Además, el estudio destaca un detalle temporal concreto: la materia blanca del córtex visual no se reorganizó hasta la mitad del entrenamiento, justo cuando las palabras en Braille empezaron a adquirir significado semántico para los participantes. Y otro dato igual de específico: la materia blanca de ambas regiones volvió a niveles previos al entrenamiento aproximadamente dos meses y medio después de terminarlo. En nuestra sección de actualidad publicamos estudios científicos que tienen un valor sustancial para la ciudadanía.








